Los parpados pegados de pronto despegan para alumbrar una estela, una daga, una divina providencia, una mirada.
Es la mirada un carna, pero a la vez un cura. Una melodía pero a la vez desenfado.

La mirada más dulce. Una joven madre alumbra a su primer hijo y lo recibe con las lágrimas de bienvenida. Dulzura total.

La mirada más ebria. Aquel borracho está a punto de vender a su madre por otra copa.

La mirada exuberante. La pelandusca nos mira de reojo, esperando dar el zarpazo felino.

La mirada enamorada. Un adolescente con el mundo al revés, las mejillas sonrojadas, los edificios en cursiva y el suspiro más profundo.

La mirada enojada. Furibundo castigo a los ojos del traidor. Las cejas fruncidas y el odio entre dientes.

La mirada apasionada. Una canción, un grito, un gol. Donde todo se transforma del júbilo y emoción. La piel se estremece y la mirada es un puño cerrado de pasión.

La mirada el dolor. El cuerpo sufre y el corazón soporta. Las pestañas se caen. El mundo es color sangre y la mirada es TU mundo.

La mirada azul. Calculadora por naturaleza. Analítica y con sed de revancha. Fría como el hielo y tenue como una leve llama de fuego.

La mirada gris. La mirada cotidiana. La más infeliz de todas. La mirada sin verso y sin brillo, concurre cada día.

Miradas y miradas. En los caminos de las imprecisiones cada mirada tiene su razón y destino. La mirada es el alma, sin ventanas ni puertas, la mirada es tu alma.

El espíritu voraz del ego

El diablo engulle

Bosteza

Ruge

Infla el pecho

El ego como vibra

¡Vibra!


¿Quién te conoce?

Por tus miedos,

Nadie

Por tu logros,

Todos

Ego. Fuerza

¡Vibra!


¿Puedes sentir un lobo dentro tuyo?

La fuerza del ego.

Algo enorme te come

El espíritu voraz del ego

Siente tu ego

El real ego

Aquel vibra

¡Vibra!


Negativo

Las calles humildes

Valores remplazados

Un solo puño

Una sola ambición

Tu solo ego, tu arma

Infla el pecho

¡Vibra!


Caballos

Gallos

Un león en contrapicado

Dos gatos me miran

Todos cierran los ojos

Ansias de poder

Un solo ego

Fuerza

¡Vibra!


El diablo con sed

Percusión fuerte

Puños cerrados

Poder

Siente el ego

¿Lo sientes?

¡Vibra!

fantasia

Felipe lee historietas de aventuras. Su padre es fanático de Mark Twain, Julio Verne y Cortázar. Felipe camina de un lado a otro con sus historietas. Son las 6 de la tarde. ¡A tomar el lonche! Se escucha desde la cocina. El pequeño Felipe de 9 años continúa leyendo animado con sus historietas.

Pero sus parpados se cansan y lo van venciendo lentamente. El sillón granate de su habitación es testigo de la lucha entre su pereza y cansancio frente a un espíritu joven y animado.

De pronto Felipe despierta. Camina lentamente. Todo es celeste a su alrededor. Se da cuenta que sus pies no tocan el piso. ¡Pero no hay piso! ¡Oh, por Dios! ¡Donde se fue el piso! Felipe esta levitando y se siente tan bien. Piensa y está seguro que no está en el aire, sino que la alfombra es suave, tan suave… See, que suave es la alfombra. Tan suave que parecen nubes.

Luego levanta la vista y no ve nada, pero a la vez todo. No hay cosas materiales a su alrededor. Todo es azul, celeste, un clima frio y fresco, pero a la vez cálido. Todo es tan divino, tan celestial. Cualquiera juraría que está en el mismo cielo. Pero Felipe está confundido y no puedo pensar.

Continúa caminando errabundo por el paisaje celestial. Era como ver perdido a un pequeño pez en las profundidades del mar. Felipe no emitía emoción alguna. Parecía impactado frente a todo lo que veía. De pronto ve a los lejos puntos brillantes. Pequeñas luces como estrellas luminosas. Se acerca cada vez más

¿Qué es eso? ¡Quiero ver! Corre a toda velocidad. Esta vez siente una explosión dentro de él. Una sensación de intriga y felicidad lo invade. Finalmente llega y cae rendido frente a la hermosa naturaleza. Un espectáculo a sus ojos.

Un lago. Un apacible y denso lago. Las aguas tan quietas, tan limpias, tan celestiales. ¡Oh Dios era un lago en el cielo! Quería tocarlo pero sabía que interrumpiría su pasividad. Se alejó. Lo contemplo como cual madre contempla a su hijo durmiendo. Se enamoro por aquel instante. A sus 9 años, Felipe conoció al amor. ¡Era todo un lago! ¡Un lago en el cielo!

¡Hey Felipe, el lonche! Le dice su madre, mientras lo sacude con la mano.

-Hay, eres todo un dormilón-

Felipe se levanta del sillón granate, camina tambaleando. ¿Qué paso? No lo cree. Siente el suelo más firme que nunca. Que lastima. Mira sus historietas, ya recuerda…

A las 11 de la noche, Roberto Cárdenas enciende su último cigarro. Fuma dos veces, camina lento y decide al fin contar su más grande hazaña: el robo a un grifo.

Roberto de 22 años, más conocido como “colorao”, fue ladrón desde niño, pero fue cuando salió del colegio cuando decidió que su mejor talento era el robo. Y no existía otra cosa que le produjera más excitación que el robo.

Desde carteras, hasta joyas. De celulares, hasta zapatillas. Para el todo, absolutamente todo, es ‘robable’. Pero hace dos semanas una idea lo embargaba. Sus planes eran los mismos. El robo. Pero esta vez planeaba algo más grande, algo así como un grifo.

Al “colorao” nunca le gusto trabajar en equipo. Así que el planificaba y ejecutaba sus más feroces fechorías. Solo.

El viernes 24 fue el día. Espero la noche. A las 2.30 de la mañana, llego al grifo Repsol de la Av. Arenales. Allí, al lado del kiosco, planificaba sus movimientos. Luego de rezar dos padres nuestro y de encomendarse a Sarita Colonia. Roberto se lanzo al acecho.

Un par de trompadas, 3 cortes de navaja dejo como saldo cuatro heridos. (Incluyendo el mismo). Roberto pudo robar 2 mil soles. Todo fue rápido. Entro, grito, amenazo, se armo el escándalo, peleo por breves minutos y salió disparado con el dinero.

Corría mientras se reía. Reía de placer, pues el roba por eso, por darse el placer, no por dinero. A los minutos la policía lo tenía cercado. El seguía riendo. Alzo las manos, dejo caer el dinero y fue levado a la carceleta, donde tantas veces durmió.

Lo acusan de robo agravado y de violar la propiedad privada. El permanece en su carceleta. Triste, algo intranquilo. Esta noche lo trasladan a San Juan de Lurigancho. Tiene miedo, pero es fuerte.

Termina su cigarro. Me pide que me vaya, pues quiere estar solo. Al salir lo escucho llorar. Veo sus ojos humedecidos, pero sus labios sonreír. Dice que ríe de su desgracia, pero que saldrá pronto. No lo compadezco y me apuro, pues recuerdo que su mejor talento es robar.

Que huayco mas atroz del Cuzco, y el en Chile ayudando. ¿Porque no ayudas a los peruanos antes que a chilesnos?. No a la xenofobia. Igual insisto:

¿Sera que Alan no ayuda al Cusco porque el Cusco no lo ayudo en las elecciones?

Tres soldados iraquíes rezan en su bungaló, al borde de las trincheras. Se escuchan aviones, el bombardeo y gritos de pánico. Todo eso en un solo sonido. Es el sonido de la guerra.

Un soldado abandona el rezo, coge la metralleta y dos pistolas. Sale del bunker iracundo gritando a toda voz. Corre, salta, dispara al cielo. Es todo un héroe. ¡Irak es mi patria, la mía, la defenderé! Vocifera. Instantes después cae muerto producto del bombardeo.

Sus dos compañeros lo ven todo. No lo lloran. Inhalan, pero no exhalan. Sienten ira. Sufren, pero son iraquíes. Dios los vengara. ¡Ala es justo!, se controlan. Al fin exhalan, vuelven a sufrir. Conversan. Rezan por quinta vez en el día.

Instantes después sus plegarias son escuchadas, el sonido de guerra cesa. Al fin pueden descansar. Hace 3 días que no pueden dormir.
Intentan dormir. Pero no pueden conciliar el sueño. Una tranquilidad inquieta los invade. Saben que regresara y con la guerra el dolor, el sufrir. ¡Oh no quiero sufrir! ¡Ala, danos fuerza y valor!.

Ha pasado una hora. La calma parece perdurar. Los soldados se miran, se cuestionan con los ojos. No hablan, pero al fin deciden: “Si, hay que hacerlo”

Cogen cualquier explosivo que este a su alrededor. Se envuelven de dinamita, de bombas. También de furia y de tristeza, de venganza, y a la vez justicia.

¡Ala perdona el suicidio cuando es justiciero! Se animan. Sudan, están nerviosos. ¡Hagámoslo por Irak!, se cogen las manos. Sudan cada vez más. Rezan por sexta y última vez.

Salen del bunker rampando, divisan la meta: la trinchera americana. ¡Esta allá! ¡Vamos!.

La trinchera es el blanco. Allí está la vida y la muerte. Allí Ala los recompensara. ¡Por Irak! Rampan cada vez más rápido. Están a breves metros. No lo dudan Sus manos cogen la tierra iraquí por última vez. Hacen puño, cierran los ojos y se lanzan gritando.
A breves metros se autodestruyen. 52 soldados americanos mueren. Dos iraquíes se inmolan. Un baño de sangre se perpetúa.

Media hora después, los sonidos de guerra se reinicia, la guerra aun no termina…

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Una tarde soleada y luminosa en Hungría trajo más de una alegría para Laszlo Biro. Corría el año 1938 y mientras el mundo vivía una era de tensión social, unos niños húngaros se daban tiempo para jugar con bolitas en la calle. Uno de ellos cruzó un charco y al salir siguió trazando una línea de agua sobre la tierra seca. Laszlo, quien observó todo tuvo la idea: Trasladar ese mismo mecanismo en un invento: El lapicero.

La historia cuenta que Lazlo, periodista y gran inventor, se encontraba molesto por las constantes trabas de su pluma cuando escribía un reportaje. Sin embargo cuando tuvo la idea del lapicero escapó junto con su hermano George Biro y Meyne, su socio, de la persecución nazi.

“¿A dónde?” fue la primera duda de los tres. En medio del desconcierto surgió una providencial ayuda. Se trataba de Agustín Pedro Justo, presidente de la Argentina por aquellos años. Cuentan que Agustín Justo vio escribir a Lazslo Biro cuando este trabajaba para un diario húngaro, con su prototipo de lapicero y quedó maravillado.

Fue entonces que le propuso: “Ven a la Argentina”. “No tengo visa” repuso Lazlo. Agustín Justo, quien aún no decía quien era, lo miró complacido y sacó del saco su tarjeta que decía: Presidente de la Nación. Asunto arreglado. Los hermanos Biro y su socio Mayme recalaron en Argentina.

Hasta aquellos años la pluma era el único instrumento para escribir y su evolución era lenta y sin mucha novedad. Las plumas de cálamo se usaron por mucho tiempo, alrededor del Siglo VI. Su origen es egipcio y consistía en alas de aves (Las preferías: pato, cisne, cuervo o pavo) las cuales se introducían a un recipiente con tinta para luego escribir.

Sin embargo, la necesidad de escribir urgía y en mayores proporciones. Se necesitaba inventar algo moderno y útil. Luego de varios intentos, por fin surgió: la pluma de acero. El inventor, el inglés Bryan Donkin en 1803. Pero fue el plumín de acero que apareció en 1829 el que tuvo éxito inmediato.

A pesar de esto, no existía aún en el mercado el instrumento para escribir, de uso masivo, económico, cómodo y rápido. En este contexto, mientras el mercado exigía un nuevo producto, los hermanos Biro y su socio Mayme se embarcaban en un viaje, que sería histórico, a Argentina. Su propósito: lanzar el primer lapicero hacia el mundo.

¿Lo lograrían? ¿Escaparían de la persecución nazi? ¿Argentina los recibirá con los brazos abiertos? ¿Sería el destino adecuado? Y lo más importante ¿Podrán fabricar el primer lapicero del mundo? ¿Revolucionaran el mercado? .

¿Sera cierto que Alan no ayuda al Cuzco, porque el Cuzco no lo ayudo en las elecciones?